Revista Contra Estudio

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domingo, 1 de octubre de 2017

Por las sendas de la soledad, de Alberto Romero. Escribe Lenin Vargas

Por las sendas de la soledad
ROMERO, Alberto.
Lima, Editorial Textos, 2016.


Por las sendas de la soledad es el primer libro del joven escritor Alberto Romero. Forman el conjunto el microrrelato “El mundo da vueltas” y los cuentos “El mejor amigo”, “Desencuentro”, “El paraíso”, “¿……………?” y “Todo empezó con un libro”. Si bien el libro está rodeado por un aura de soledad, de fatalismo y derrota, hay también espacio para el humor negro y  para las reflexiones hilarantes, como se puede apreciar en los dos primeros textos.
  A nivel de estilo, podemos mencionar que en Por las sendas de la soledad se emplea un lenguaje sencillo, donde se apela a palabras y frases de uso coloquial en los diálogos de los personajes, y un tono conversacional en el caso de los distintos narradores (“El mejor amigo”). Se hacen presentes, además, diversas técnicas narrativas: el monólogo interior, el estilo indirecto libre, la variedad de puntos de vista, el dato escondido, entre otros.

  Por las sendas de la soledad nos lleva a un mundo de personajes en conflictos interiores que dudan entre la acción o la resignación frente al logro de su máximo deseo: la obtención del ser amado. Cifran sus esperanzas de una vida plena en la unión amorosa; pero al no concretarse esta solo queda espacio para el retraimiento y la existencia solitaria. Aquí no hay espacio para la felicidad ni para la realización de los deseos. Habita en los relatos una fuerza inasible que imposibilita el encuentro anhelado, la suerte deseada, la concretización de las pasiones.

  Todo ello, nos lleva a uno de los temas fundamentales del libro: el fracaso. Así, en “El mejor amigo”, se nos describe el paseo de Betto –quien había abandonado la casa donde se celebraba el matrimonio entre Lizeth, su amada, y Víctor–  de una manera desesperanzada: “Grupos de parejas caminaban muy enamoradas, felices. Era una especie de cuadro que le hacía recordar que el amor y la felicidad existen, pero que él estaba negado para esas cosas”.

  El mismo infortunio se vive en “Desencuentro”, donde Andrés, guiado por una corazonada, decide ir en busca de un antiguo amor con las esperanzas de declararle sus sentimientos y darle un nuevo rumbo a su vida: “Andrés resolvió esperarla en una esquina, ansioso por hablar con ella, pensando que su vida con ese encuentro podía tomar otro rumbo. Pensó que ahora tendría algo por que luchar, que las lecciones universitarias ya no se le harían tan difíciles. Cambiaría, sí, lo haría”. Sin embargo, sus deseos chocan contra la aplastante realidad: Mercedes tiene enamorado y quizá ya no lo recuerda.

  Por las sendas de la soledad,  de Alberto Romero, se nos presenta como un texto interesante y aceptable, de agradable lectura. Estamos seguros que en un segundo libro el autor podrá superar las limitaciones propias de un narrador joven, y entregarnos una obra de mayor calidad. Por ahora va bien encaminado.




lunes, 20 de julio de 2015

La coneja surrealista de Daniel Maguiña. Escribe, Fernando Morote


Daniel Maguiña (Lima, 1984), egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Ricardo Palma, ilustrador freelance y autor de “Anotaciones” (Zignos, 2008), “Mundo T” (Summa, 2011) y “El viaje imaginario de Pollo Fashion” (Ediciones Altazor, 2014) acaba de presentar su nuevo libro, “La coneja surrealista”.
El principal mérito que exhiben los textos que componen la obra es su carácter inclasificable, por lo menos en el sentido que los llamados literatos suelen conferir.
¿Qué son en realidad? ¿Poemas? ¿Microrrelatos? ¿Estampas? ¿Viñetas?
Es lo de menos. Muchos de ellos funcionan maravillosamente. Sin duda existe en su esencia un espíritu de riesgo que atrae. Y por supuesto en ese trance no deja de fluir la poesía….
 
“Te hice el amor con todo el mar dentro de ti”.
Como en el cine o la pintura, si la propuesta remueve la sensibilidad del espectador en alguna manera significa que el contenido tiene potencia. En arte, y particularmente en literatura, no hace falta perder tiempo ni energía tratando de buscar una explicación racional a cada palabra, frase o expresión; es suficiente con observar, apreciar y disfrutar.
En sus páginas, entre epígrafes y párrafos, se encuentra un abundante número de nombres de artistas que encienden apasionado entusiasmo alrededor del universo, pero pocos son precisamente surrealistas. Sin embargo entre ellos destaca la presencia de Salvador Dalí y sus “Atletas cósmicos” como la mayor influencia reconocible. Maguiña no se retrae –cualidad adicional digna de resaltar- de proclamar su admiración por aquellos que lo motivan desde distintas disciplinas.
El término “coneja” proviene de un modo cariñoso de llamar a la mujer que lo inspira, y lo “surrealista” aflora -antes que de una referencia a los genios de principios del siglo XX- de las imágenes soñadas por ella.
“La coneja surrealista” es un variado conjunto de ingeniosas declaraciones de amor. Algunos pasajes revelan cierto tono infantil que combina a la perfección con otros marcadamente eróticos. Cuenta además con una ligera dosis de humor y otra de crítica. Los dibujos interiores y el diseño de la portada son contribuciones personales del mismo autor a la elaboración completa del material prologado por el gran Arturo Corcuera y epilogado por el joven Jorge Ureta Sandoval.
Un escritor debe ser atrevido. El formato original y lúdico que hace de esta nueva entrega una deliciosa pieza de literatura breve -en sintonía con sus anteriores trabajos-, confirma que Maguiña lo es. Para conocer más acerca de su producción en textos e ilustraciones se pueden visitar los siguientes sitios:


Fernando Morote

Piura, Perú-1962. Autor de las novelas “Los quehaceres de un zángano” (2009) y “Polvos ilegales, agarres malditos” (2011), los libros de relatos “Brindis, bromas y bramidos” (2013) y “La cocina del infierno” (2015), y el poemario “Poesía Metal-Mecánica” (1994). Colaborador del Periódico Irreverentes de Madrid y de la Revista Contra Estudio de Lima donde escribe, entre otros temas, artículos sobre cine clásico y reseñas literarias. Actualmente vive en Nueva York.

 


 

 

martes, 16 de junio de 2015

Dos libros de Jorge Cuba Luque desde Francia, por Fernando Morote

Lo mejor que puede hacer un escritor es sacar provecho de sus lecturas. Si lo motivan o inspiran, si lo empujan o fuerzan, da igual. Lo importante es aprender de ellas y aplicarlas al trabajo creativo.

Jorge Cuba Luque (nacido en Lima en 1960, residente en París desde 1989) ha seguido el ejemplo del americano Joe Brainard, quien en 1970 –emulado luego en 1978 por el francés Georges Perec- concibió un sencillo texto de original factura, enunciando una nutrida serie de recuerdos propios y ajenos, individuales y sociales, locales e internacionales.
 

La versión de “Yo me acuerdo”, publicada por Cuba Luque en el 2008 a través de Arteidea Editores, ostenta el mérito de ser la única escrita en idioma español, sin ser una traducción de las anteriores. Por ella desfila un galería de celebridades, eventos, actividades y productos que impactaron a la sociedad peruana, latinoamericana y mundial en un período comprendido entre los años 1960 y 1978. Agrega además un número de fotografías que ilustran la obra. El formato permite al lector internarse de inmediato en una vorágine de remembranzas, moviéndolo a revivirlas con un sentido de pertenencia difícil de eludir.

Por ruta similar transita su novela “Tres cosas hay en la vida”, editada en el 2010. Con una trama hábilmente urdida, en la que los personajes entrecruzan sus caminos a lo largo de los años en una manera que sorprende al lector cada vez que aparecen de nuevo en escena, su protagonista personifica la revancha que nace del rencor producido por el complejo de inferioridad y el azote del racismo.
 

El libro -rico en referencias a la música, el cine y el fútbol- aborda una variedad de tópicos que inciden en las relaciones familiares, las pugnas sexuales, las deficiencias educativas, la explotación laboral y la competencia profesional. Los episodios tienen como cortina de fondo el panorama politico que abarca los gobiernos militares de Velasco Alvarado y Morales Bermúdez, así como el regreso a la democracia con Fernando Belaúnde, el devastador descalabro provocado por Alan García y la sorpresiva irrupción de Alberto Fujimori, rematada por los funestos manejos de Vladimiro Montesinos desde sus oficinas en el Servicio de Inteligencia Nacional. Ofrece también un recorrido por diferentes distritos de Lima, incluyendo Chorrillos, Barranco, Miraflores Lince y el Cercado, situando el desenlace en la ciudad de Nueva York durante el ataque a las Torres Gemelas.

Cuba Luque construye una estructura dividida en 3 partes a fin de presentar los componentes de su historia y desarrollar sus accidentadas interacciones, para cuyo efecto acierta cambiando ocasionalmente el punto de vista en la voz narrativa.

 “Yo me acuerdo” y “Tres cosas hay en la vida” constituyen una magnífica oportunidad para el público lector peruano de echar un vistazo a la producción del creciente grupo de sus autores establecidos en el extranjero.
 
 
 Fernando Morote
Piura, Perú-1962. Autor de las novelas “Los quehaceres de un zángano” (2009) y “Polvos ilegales, agarres malditos” (2011), los libros de relatos “Brindis, bromas y bramidos” (2013) y “La cocina del infierno” (2015), y el poemario “Poesía Metal-Mecánica” (1994). Colaborador del Periódico Irreverentes de Madrid donde escribe, entre otros temas, artículos sobre cine clásico. Actualmente vive en Nueva York.

 
 
 

sábado, 6 de junio de 2015

“El péndulo familiar” y “La rebelión de los inexistentes”, dos novelas de Juan Patricio Lombera, por Fernando Morote

A veces para un escritor resulta insuficiente fabular en sus libros ciertos detalles particulares de su historia personal. En algunas ocasiones necesita revisar y relatar la más amplia trama de la vida familiar para poder encontrar u otorgar un sentido a la suya.
Una crisis conyugal remite a Patricio –alter ego del autor, qué duda cabe- a otra más honda de carácter existencial, lo cual desencadena una serie de cuestionamientos que lo llevan a considerar el suicidio como solución.
En “El péndulo familiar”, escrita en el 2011, Lombera plantea el dilema de la vocación como elemento crucial. El protagonista sufre una asfixiante sensación de vacío interior ante la obligación de decidir entre ser lo que quiere ser o lo que los otros quieren que sea. Como efecto revelador  rememora la formación y evolución de su núcleo sanguíneo más próximo para acompañar el proceso de auto-crítica y acabar hallando una vía, no de escape, sino de alivio y dirección.

Mediante capítulos que van entrelazando escenas de la Revolución Mexicana –con importantes y apasionantes referencias a las falsas reformas, los asesinatos políticos y la guerra contra los cristeros- recorre la directa o indirecta participación de sus parientes en ella, exponiendo las vicisitudes de un clan acomodado que es atravesado por los conflictos políticos, sociales y económicos de la época.
La descripción minuciosa del vínculo con sus ancestros expresa una intimidad que permite conocer a fondo el temperamento de cada uno de ellos y su influencia en la personalidad del personaje principal.
Su visión de la figura paterna es un espejo que considero una invitación a mirarme desde dos posiciones opuestas: “su padre es un ser verdaderamente extraño para Patricio. Se lo pasan muy bien juntos durante las vacaciones, pero en épocas de trabajo es un personaje que transmite muchas luchas, tanto internas como externas. Desaparece durante varios días o llega destrozado en la noche con ganas de cenar y dormir y siempre maldiciendo de sus colegas de trabajo. Para Patricio, él es un ser compuesto de dos personas. Una afectuosa y con bastante sentido del humor, durante las visitas a los parques donde hacen ejercicio los fines de semana y durante las vacaciones, y otra lejana y con un cierto punto siniestro durante las épocas de trabajo”.
“La rebelión de los inexistentes”, publicada 7 años antes por Ediciones Irreverentes, presenta un enfoque en apariencia distinto. Sale del esquema personal e ingresa en el ámbito universal, del mismo modo que abandona el corte realista y entra en la ciencia ficción.
Es un prolijo relato que, por un lado, denuncia la esclavitud de nuestros tiempos, y por otro expresa el clamor del ser humano por liberarse. Individuos reducidos miserablemente a la tarea de sobrevivir día a día, relegados, privados de disfrutar los verdaderos placeres de la vida por tener que limitarse a trabajar para pagar la renta, comprar alimentos y cancelar deudas.
Es el retrato de un sistema opresor que desangra a sus bestias de carga mientras le son útiles y las elimina cuando dejan de serlo. Los integrantes de la masa productiva, representados por Isidro Gálvez, el protagonista, se debaten en la disyuntiva de hacer lo que quieren o lo que deben. La aspiración a invertir más energía haciendo lo que les gusta y dedicar sólo el tiempo justo para las actividades laborales es aquí formulada como una utopía dentro de un mundo que en la actualidad funciona exactamente al revés del propósito para el que fue creado. La lealtad con uno mismo, con los propios deseos, sueños y proyecciones se convierten en un derecho por el que hay que luchar. Cualquier trabajo artístico es considerado inútil, ingenuo y pernicioso. Pretender vivir de ello es una estupidez monumental.
 
Lombera, nacido en Ciudad de México en 1972  e hincha a muerte del Atlante -club de fútbol de aparición recurrente en ambos textos- acierta al delinear la realidad en términos extremos bajo dos registros diferentes.
Para conocer más acerca de la obra narrativa del escritor azteca radicado en Madrid se puede visitar su blog oficial: http://lombera.blogspot.com.es/

Escribe: Fernando Morote

Fernando Morote
Piura, Perú-1962. Autor de las novelas “Los quehaceres de un zángano” (2009) y “Polvos ilegales, agarres malditos” (2011), los libros de relatos “Brindis, bromas y bramidos” (2013) y “La cocina del infierno” (2015), y el poemario “Poesía Metal-Mecánica” (1994). Colaborador del Periódico Irreverentes de Madrid donde escribe, entre otros temas, artículos sobre cine clásico. Actualmente vive en Nueva York.
 

sábado, 11 de octubre de 2014

Fernando Morote: Cementerio Pére Lachaise, una aproximación de Lenin Solano a lo policial terrorífico

Cementerio Pére Lachaise, una aproximación de Lenin Solano a lo policial terrorífico


Por Fernando Morote 

¿Presencia sobrenatural o respuesta espiritual de artistas perturbados en su lecho eterno? Todo es posible en esta versión que Lenin Solano entrega del Pére Lachaise, un cementerio que al parecer ostenta el tétrico poder de comerse vivos a quienes osan perturbar el descanso de sus huéspedes, sin importar la procedencia, incluso legal, de los profanadores.

Desde su primera novela, “No le reces a los muertos” publicada en el 2011, Lenin Solano ha mostrado su preferencia por el género policial, enriquecido esta vez por una sustanciosa dosis de terror. “Cementerio Pére Lachaise” exhibe una combinación bien elaborada de ambos elementos.
El hábil flujo narrativo rápidamente enciende el interés de quien decide ingresar con el autor a las entrañas del emblemático camposanto parisino. La descripción física del lugar, incluyendo la vegetación y fauna circundantes, así como su ubicación dentro de la ciudad, los antecedentes de su construcción y la mención de sus residentes más célebres sirve como introducción del edificio en su calidad de personaje principal y constituye una herramienta eficaz para situar al lector en el escenario donde se desarrollan los hechos.
Inmediatamente se suceden una serie de horrendos crímenes, ejecutados con extrema crueldad: una pareja irlandesa de recién casados que cumplen una fantasía sexual sobre la tumba de Oscar Wilde, cuatro estudiantes que planean un juego de ouija ante la lápida de Moliére, dos indigentes alcohólicos que buscan refugio junto a los restos de Edith Piaf, un par de inmigrantes centroamericanos que al abrigo del sepulcro de Miguel Ángel Asturias confiesan mutuamente sus pasados de violencia y pandillas.
Los continuos giros y las inagotables contramarchas que envuelven la investigación policial a cargo de dos oficiales de origen peruano contribuyen a crear la atmósfera de misterio que rodea las terribles muertes. El examen de pistas, el seguimiento a sospechosos, la consideración de posibles teorías, el surgimiento de nuevas dudas, la aparición de serias contradicciones, la evaluación de detalles en los cuerpos torturados fungen como vehículo exitoso para lograr este propósito.



La novela está dividida en dos partes. La primera, mediante capítulos alternados, muestra a las víctimas antes de que pierdan la vida y luego la forma en que las autoridades las encuentran asesinadas. La segunda revela los pormenores de los brutales ataques y deja sin definir claramente la suerte de los agentes involucrados, lo cual contribuye a reforzar la intriga que marca el tono de la historia hasta el desenlace.
Los títulos de cada capítulo simbolizan un inteligente preludio para el segmento narrado y son complementados de manera efectiva por sendos epígrafes con citas de novelistas, poetas y filósofos,
El uso de los diálogos como recurso para proveer información y apuntalar los cuadros es notable. Aunque en el curso de la lectura queda la sensación de que algunos de ellos pudieron ser mejor logrados. En más de una ocasión se alcanza a percibir que no corresponden a la naturaleza de los personajes. Los policías exhiben un lenguaje demasiado popular, exento de jerga técnica -que debería existir aunque fuera en grado mínimo, tratándose de una novela enmarcada en el género-  salvo ciertas expresiones comunes. Los pordioseros -ladrones de joyas por añadidura- desenvuelven un vocabulario propio de personas cultas. Los pandilleros centroamericanos tampoco se expresan como tales. Los recién casados y los estudiantes suenan algo forzados, quizás excesivamente formales.

Sobresale un episodio, cuando se suscita una pelea entre los mendigos ebrios, en que no se logra distinguir a quién pertenece la voz del que habla. Es el tipo de ambigüedad deliberada que resulta un acierto antes que una falla.
La pulcra edición de Altazor, ofreciendo ciento cincuenta páginas cuidadosamente impresas con material de alta calidad, confirma el auge y la seriedad con que vienen trabajando ciertas editoriales independientes en el Perú.
Lenin Solano, además docente y promotor cultural radicado en París, se halla en viaje constante entrevistando y difundiendo la obra de otros escritores. Con “Cementerio Pére Lachaise” ha realizado una admirable y meticulosa tarea de exploración policial en la que él mismo se asume como el detective responsable.


Su principal mérito: arrojarse con audacia, apoyado en su talento, a batir el desafío.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Breve reseña del libro Las luces del retorno, por Steep Romaní Zamudio

Las luces del retorno nace no solo del interés de su autor por ampliar el panorama de vivencias cotidianas del migrante peruano, más aun, del migrante latinoamericano, en uno de los rincones del mundo con mayor presencia de diásporas migratorias populares: Paterson, en el estado de New Jersey, al noreste de los Estados Unidos. Es también una invitación a su trayectoria individual como emigrante, quien vive, examina y plasma las penas, luchas y logros de nuestros compatriotas en este punto del exterior. Expone con suma claridad y sencillez la línea de los factores expulsores locales (el debacle económico y político de inicio de los noventa), de las incertidumbres y penurias en un espacio geográfico que se visualiza como hostil (la irregularidad migratoria, la desintegración familiar y el tan ansiado retorno), de la reivindicación de la cultura y los valores (la fortaleza de la amistad y la relocalización de las costumbres peruanas) y de la posibilidad retorno (el rencuentro con lo local y los seres queridos, que había sido desplazado por largo tiempo). Su lectura es altamente recomendable para quienes, de algún modo, han sentido la impronta de la migración en sus vidas.

 Las luces del retorno tiene el logro de colocar a los lectores en los zapatos del narrador como testigo y actuante del nuevo espacio. También es una ventana para conocer las estructuras sociales y modos de vida en esta parte del territorio norteamericano. De esta forma, también cumple su función como testimonio para la observación y el análisis de la antropología social.

Precio del libro: S/.30.00



Juan Soto-Escudero nació en Lima. Estudió medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por la década de los 80. En enero de 1993, emigró a los Estados Unidos donde vivió todas las experiencias relatadas en esta novela. Durante los ocho años previos a su primer retorno en abril del 2001, convivió con todos los personajes, haciendo de esta narración una verdadera crónica de la vida de los inmigrantes en el extranjero. Asistió a la escuela de salud pública del Passaic County Community College y siguió cursos de Emergencias Médicas en el Chilton Memorial Hospital. Trabajó en el Pain Management Center del Saint Mary’s Hospital en Passaic. Es miembro de la Orden Rosacruz Dorada con sede en Chatham, New York, y de la Gran Logia Masónica de New Jersey. Actualmente, vive y trabaja en New Jersey, dedicado a las labores médicas en el área del alivio y manejo del dolor. Una rama híbrida de la anestesiología.



Entrevistas: 

miércoles, 23 de julio de 2014

Los relatos de la mesa roja, Mayo Gucoray. Ediciones Albores. 2013.


 Tres autoras, reunidas bajo la firma Mayo Gucoray, recogen en Los relatos de la mesa roja dieciséis historias llenas de fantasía e ingenio con un hilo conductor común, precisamente el elemento que da título a la obra: la mesa roja. De este modo, los personajes de estos relatos, de este universo o de otros, desfilan “sin entrelazarse” casi como leemos en uno de los relatos: ‘…esta especie de baile ha de durar algún tiempo, durante el que han de permanecer entrelazados, motivo por el cual les vemos dando vueltas alrededor de la mesa.’
 

Personajes como la joven y guapa sacerdotisa Ireia en ‘Atlántida’; o el artista Martín y su perplejidad ante las coincidencias que va a experimentar en ‘Sinfonía de sueños’, pasando por Manuel, quien reflexiona desde su camión sobre su rutinaria vida en ‘Dormido’ o los que componen la comitiva reunida alrededor de la mesa roja de madera para tratar un tema de vital importancia en ‘Reunión intergaláctica’.

Acaso, para una edición posterior, recomendaría una sencilla revisión orto-tipográfica que no empaña la de acercarse a estos dieciséis relatos y leerlos sentador a una mesa roja o, mejor aún, en nuestro sillón favorito, experimentando las múltiples sensaciones que Mayo Gucoray han hilvanado en esta obra.
 
                                                                                                                                                  Por Ginés Vera

domingo, 15 de junio de 2014

Luis Vásquez Coronel:La fe del padre. Lecturas de La costa de los mosquitos, de Paul Theroux.


 
                                        Mr. Fox

                                 La Fe del Padre

Lecturas de La Costa de los Mosquitos, de Paul Theroux.
 

 

No vayas a mi tumba, yo no estoy allí.
No vayas a mi tumba, yo no duermo.
Soy como un millar de vientos que soplan.
Soy como el brillo de un diamante en la nieve.
Soy como el calor del sol en los frutos maduros.
Soy como la delicada lluvia de verano.
Soy como el tierno y dulce amanecer.
Soy como el vuelo rápido de un ave.
No vayas a mi tumba, yo no estoy allí.
No vayas a mi tumba, yo no morí.
(MI PADRE)
 

Desordenar los párrafos de la Biblia para reordenarlos de acuerdo a sus impulsos es el primer quiebre de un Padre que alienta una fe contraria. Y es que Allie Fox obedece a un impulso que es contracorriente, que nace de una esperanza que desconfía de lo que fluye en su realidad con determinación. Detesta, siempre, ser inducido. Anhela cincelar su camino, enfebrecidamente. Y arremete contra toda Autoridad, incluso la burla, cuando por ejemplo su vástago es sorprendido en las horas escolares fuera de la escuela, y urde una procaz respuesta para el oficial de policía:             “Porque tiene una infección de hongos”. Desde el inicio del texto queda fuera de dudas que Allie Fox no es un depositario ni profeta único de esa ideología contradictoria, sino que en ella han de adoctrinarse también sus hijos, como una futura consecución de su novísima fé.
 Para encarar el “invento no terminado” que es el mundo, no son idóneos la suavidad o el disimulo que ofrece el “manual de reparación” bíblico. Urge una abrogación que no sea reparadora ni que soliviante, se necesita una fuerza y lógica que desmientan a la fallida creación divina y a sus inconsistencias o pocos creíbles intentos de retracto. Si la Divinidad falló en la conformación de la existencia, no hay tiempo para permitirle una segunda intervención sobre escena, la oportunidad para la enmienda le debe ser negada desde que nunca se ha manifestado debidamente y sólo la conciencia de Allie Fox, develando su imperfección ha sido la que se ha erigido. La fe, antes de él, es creer en algo que se sabe que no es cierto, por lo que  Allie Fox en pleno raciocinio se sabe cercado por la maledicencia de la sociedad convencida, como en un decadente círculo que codicia su trascendencia. 
Y la realidad palpable que Mr. Fox contradice, y que es el punto álgido para su blasfemia, es la sociedad representada por un facilismo que da apariencia de bienestar: la propagación de la felicidad. La felicidad que hábilmente puede ser lograda en los oportunismos improvisados de la vida moderna, que compulsivamente obedece al consumismo a grandes escalas y que es parida en masa y con urgencias
No sólo el texto bíblico es un mal recetario para afrontar la imperfección de la realidad, sino que la gran figura de Cristo es tratada como la de un simple engaña muchachos, un soliviantador que la posterga pero que no la cura. Una imagen que ha sido implantada, con temor y fe de siglos, en la mente atribulada del ser humano, y por lo tanto capaz de hacer que  su primogénito Charlie confunda a un simple espantapájaros con el Hijo de Dios, y al palo sobre el cual unos campesinos han colgado al mamarracho descosido con la Santísima Cruz. Confusión que Allie, como  novísimo y autorizado profeta de la desconfianza y propulsor de la actividad, aprovecha para cerrar filas en contra del adormecimiento que provoca el nuevo orden, el de la mortalidad: “Buitres… Cristo es un espantapájaros”.  Por lo tanto la vía aleccionada para no caer fuera de la propia mano de Dios, para mantenerse en sutil contacto con su espiritualidad: la oración, es sinónimo de imposibilidad, de desidia y hasta de haraganería en medio de una realidad informe, realidad que debe desconcertar al hombre y no distraerlo, pues su satisfacción no debe pasar por confiar su vida a una inseguridad que acomete y que es la característica principal de la creación de Dios en el texto de la historia: “ Si Dios no hubiera descansado el séptimo día,…, quizá habría terminado el  trabajo. ¿Nunca se le ha ocurrido pensarlo?...Ud. ha decidido ir a la iglesia…curioso lugar para ir; si se tiene en cuenta el estado en que está el mundo y cómo llegó a estar así. El séptimo día, Dios se marchó de la habitación, ¿Por qué va usted a cometer tan perezoso error?,       ¿Para qué rezar cuando podría estar construyendo una cabaña como ésta? Prédica que no simplemente imparte sino que urge demostrar, que su oficio es capaz de lograr revertir lo aparente por algo nada milagroso y más al alcance, reemplazar la dación del maná por el auténtico logro del esfuerzo, enseñando a los discípulos de la mortalidad, sus pequeños hijos, la forma de hacerle frente a las imposibilidades, he aquí una conversación entre Charlie, su primogénito y Emily, la primogénita de un predicador bíblico : “ Mi padre es un genio-dije yo; Será lo que quieras, pero ¿qué hace?; Puede hacer hielo con fuego. Yo lo he visto; ¿Y para qué sirve eso?; Es mejor que rezar-dije yo”.




 
                                              

El cielo y el infierno, entonces, adquieren una característica contraria y hasta disminuida con respecto del nuevo orden de la laboriosidad que hay que apurar sobre la realidad a medio hacer. El cielo es detestable porque se prefigura como un calmante vacío y sin sentido y el infierno existe como castigo en cuanto no sé haga nada por remediar la creación de un Dios que simplemente ha escapado antes de acabar con su tarea. “Cubridme-dijo-. Nos hizo mover el toldo para no ver a los buitres que nos seguían. Y dijo que odiaba el cielo vacío.-Si estuviera en la cárcel, jamás miraría por la ventana”. Para escapar del encierro, de la imperfección e inestabilidad que lo condicionan, no hay que mirar al cielo para evaporarse en él, pues la conciencia que aguijonea es física, la necesidad del cuerpo que la provoca y permite es de una languidez terrenal, pero propia, reconocible después de todo y sobretodo gobernable. “El infierno es aquello que uno no puede obtener”. Imbuido hasta en su  mismísima corteza cerebral por ese fuego que lo alienta, lo inspira y no lo inmoviliza, será capaz de desafiar la inhospitalidad de la jungla y de sus habitantes sorprendidos por el milagro que logra la desmitificación, una máquina alentada por el combustible del mismísimo infierno, el fuego, y que contraria a quien la solventa pare cubos de friísimo hielo. “Y lo gracioso del fuego infernal es que es imaginario. ¡Pero Niño Gordo, no! Lleva dentro más veneno que un siglo de infiernos”.
La figura de “Niño Gordo” en la historia es necesaria para contraponerse al ser humano como creación imperfecta de Dios, la conformación de una máquina cuyo combustible es el fuego fatuo y cuyo fruto es la oposición de aquél, el hielo sólido y convincente no es una casualidad, representa una creación antinatural, la de Allie, el hombre, el nuevo Dios, una contradicción en el que el espíritu de la nueva divinidad se ensalza y regodea. Aquí una descripción de esa máquina, que conlleva la contraposición, por parte del  principal depositario de la nueva fe, Charlie, el hijo mayor de Mr. Fox: “…Reconocí lo que vi. Aquello no era un vientre. Era la cabeza de padre, la parte mecánica de su cerebro y los vericuetos de su mente, igual de fuertes, de enormes, de misteriosas…Todo estaba tan bien ajustado, tan bien remachado, tan cuidadosamente dispuesto…” Podríamos decir que el nuevo Creador ya había implantado la semilla de disconformidad, bien escindida en la conciencia de sus más cercanos seguidores, no tuvo que fraguar casi nada para fundar la nueva ideología: “El hombre surgió de un mundo defectuoso…El cuerpo humano está mal diseñado. La piel no es bastante gruesa, los huesos no son lo bastante fuertes…nuestra postura expone las partes más sensibles del cuerpo, el corazón y los genitales…Tuve que hacerme inventor…era demasiado débil para vivir de cualquier otra forma…”
Queda, entonces, trazado definitivamente en el texto, el espíritu de un novísimo orden, uno que sobrepasa con suficiencia incluso al de la temporalidad, y que es la contracorriente. Un avance enceguecido, múltiple y totalizador, a la manera de un aparato extractor o en el mejor de los casos en una conciencia aniquiladora de lo aparentemente “correcto” o dado por “cierto”, que no perdona nada a su paso, mientras conduzca “a cualquier sitio,…siempre que fuera contra corriente”.
Es un nuevo actor, corregido y catapultado, sobre una escena que ha sido desmentida y sobre la que urge reconstruirla a imagen y semejanza de sus demandas y propias satisfacciones. “…Su reino no es de este mundo, Reverendo. El mío, sí.” “Que Dios le perdone” “El hombre es Dios”.





 
                                            

Luis Vásquez Coronel. Abogado de profesión, docente universitario y escritor. Nació en Chimbote y vive cerca de 10 años en Piura. Ha publicado el poemario "Orgasmina" (Baile del Sol, 2006) en España, la novela Cerro Pilán, una carretera de ovnis ( Dragomoche, Piura, 2008), un libro de poemas "Poesía Reunida" (Dragomoche, Piura, 2011), un libro de relatos "Navegante en Tierra y Otros Relatos" ( Dragomoche, Piura, 2013), y un libro de poemas de temática piurana " La Ciudad" ( Dragomoche, 2013). Ha estrenado dos obras de poesía escénica: " Pasión de Manuela Saénz y Alturas de Machu Picchu ( Piura, 2006). Y también ha escrito el guión del cortometraje "El Polluelo", basado en uno de sus relatos, estrenado en Piura en 2013.