Revista Contra Estudio

miércoles, 10 de junio de 2015

PUTAS INTELIGENTES (Primera entrega), de Marcial Fonseca

 
                              PUTAS INTELIGENTES


                                                                      1
J. Y PAVEL
A los catorce tuvo su primera eyaculación nocturna, a los dieciséis ya imitaba –según él–, las posiciones de Nacho Vidal sobre las desvalijadas camas del Vermont de la Nápoles con cualquier pirujita que se dejara encamar. Justamente J. estaba haciéndolo, pero con una tipeja que horas atrás Pavel –uno de sus camaradas más cercanos–, le había presentado. Eso era lo curioso.
—Oh, chingada madre, tú hazme caso —le decía Pavel a J.—, por una botellita esta perra te sigue hasta el fin del mundo, ¿por qué no va a seguirte a un motel?, jajá. Ella sabe lo que quiere y claro, lo que los hombres pedimos. Ella obtiene su bebida y tú… ya sabes qué.
 
                                   

   
J. trabajaba en una miscelánea de por ahí. Una amiga de su tía le había dado la chamba con la condición de que fuese sólo mientras él conseguía entrar a un instituto. Lo que la tía y su amiga pasaban por alto es que, luego de que corrieron a J. por haberle roto la madre a su profesor de educación física, encontrar una institución que lo aceptara iba a estar cabrón. A pesar de que J. era para la amiga de su tía no más que un inútil desahuciado, consiguió pasar la semana de prueba y se quedó con la chamba. Le iba bien, procuraba hacer lo que se le pedía, tenía paciencia. Sabía que de vez cuando podía agarrar algo de dinero de la registradora sin ser descubierto y eso le alcanzaba para pagar un rato en un hotelucho y un par de botellas a fin de mes.
 
—Tienes razón —dijo J.—,  hay mujeres que al darse cuenta de lo putas que son deciden sacar provecho de ello. Son ellas las de los protagónicos en la televisión, las de los zapatos caros. Son ellas las putas, las putas inteligentes.
—Pero no estamos hablando de una puta inteligente —dijo Pavel—, no exageres. En este caso es sólo una facilona, una alcohólica. Una flor de marzo.
—¿Flor de marzo?
—Sí. Ningún día lo termina estando del todo seca —le contestó—. La muy pendeja, como no tiene dinero para comprar su alcohol, se monta al primer macho que le regale un poco. Por eso te lo digo, carajo. Si estás tan urgido y caliente puedes llevártela a ella a la cama fácil, la conozco. Pero eso sí —agregó—, cúbrete la polla con hule, después no se te vaya a caer a pedazos, jajá.
 J. sacó su Motorola y se lo dio a Pavel, éste pulsó algunas teclas y se lo devolvió. Ya comenzaba a anochecer en la Ciudad de México. La cosa era fácil, sólo había que hablar con la chica, quedar de verse en un lugar cercano al Vermont o algún otro hotel, pasarse por un ingenio un rato, hacer que la puta inteligente bebiera y –después claro–, finiquitar el asunto.
 
                                          

 Marcial Fonseca
Ciudad de México, 1996
Escritor mexicano

"Escribo porque me viene en gana. Extraño lo que ya no existe porque lo que sí lo hace me recuerda aquello mismo. Procuro no ...herir a quienes no podría curar. Mi lujo es ser humilde, y mi humildad se clarea a la menor provocación. Soy malhablado pero oportuno. Suelo cagarla frente a quien sea a cualquier hora y en cualquier lugar. No adulo y no me agrada que lo hagan.
El secreto está en guardar siempre las piezas restantes del rompecabezas.
Si alguna vez necesitas algún poema o consejo, cerciórate de que yo sea el último de tu lista.
No busco problemas, tampoco soluciones; de hecho no busco nada que por mí mismo no pueda encontrar."


 

 

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