Revista Contra Estudio

viernes, 14 de noviembre de 2014

¡ALERTA! ¡ALERTA! Por Estefanía Farías Martínez

                                                    ¡ALERTA! ¡ALERTA!
                                           Por Estefanía Farías Martínez

-¡Alerta! ¡Alerta! ¡Hay un hombre armado en el colegio!- Sonó por megafonía.
Ante la ausencia de un profesor en el aula que les asesorara, los chicos corrían de un lado para otro sin saber muy bien que hacer y Saúl, desconcertado, permanecía impertérrito buscando una salida adecuada. La idea surgió en su mente en un instante.
-Vamos a meternos en los armarios-
Todos reaccionaron inmediatamente y los veinticinco adolescentes de trece años vaciaron el contenido de aquellos improvisados refugios de emergencia y pugnaron por hacinarse en su interior. Saúl dirigía las maniobras, comprobando que estuvieran perfectamente coordinados. A pesar del caos consiguió que todo fuera llevándose a cabo con orden y eficacia, evitando las crisis de nervios. Sin embargo, una vez que todos sus compañeros estuvieron distribuidos en los armarios, en número exacto para evitar brotes de ansiedad, hizo intención de ocupar el espacio que había reservado para sí mismo en el primero de ellos. La resistencia de los ocupantes y una voz que provenía del fondo, un ronroneo inquietante, la voz de Ela, la brasilera por la que suspiraba desde hacía dos semanas, le hizo ponerse pálido
-No cabes-.
Estaba atónito. Sólo había necesitado unos segundos para calcular la capacidad de cada armario.
-Si hay sitio suficiente-. 
-Te ha  dicho que no cabes-Repetía el nuevo novio de Ela, el portugués de mirada huidiza.
No pudo decir mucho más antes de sentir un fuerte golpe en las costillas y ver como le negaban el acceso al interior. Saúl lo intentó sin éxito con el segundo, con el tercero, con el cuarto. Cada vez eran más agresivos al rechazarlo. Usaban brazos y piernas para asegurarse de que permaneciera en el exterior. Cuando escuchó la última puerta cerrarse definitivamente, sin darle más opciones que permanecer aislado, expuesto al peligro, observó aterrorizado la salida del aula.
No tenía muchas alternativas. Saltar por la ventana le supondría una caída desde el cuarto piso y una muerte segura. Intentar abandonar el aula no le garantizaba la supervivencia. Ese tipo estaría avanzando lentamente hacia ellos. Se convertiría en un blanco fácil. Temblando, el rostro trasfigurado, crispado, el corazón desbocado, se sentó debajo de su propio pupitre a esperar. Le dolía el pecho. Se encogió, cerro los ojos y al borde del colapso, absolutamente convencido de que le quedaban unos minutos de vida, escuchó por megafonía
-Lo habéis hecho muy bien. Solo era un simulacro-.
Los chicos salieron sonrientes de los armarios y volvieron a ocupar sus respectivos asientos. Nadie prestaba atención a Saúl. Aún permanecía bajo el pupitre. Sus extremidades estaban tan agarrotadas que no conseguía recuperar la movilidad, respiraba con dificultad y diez minutos más tarde la profesora lo encontró inconsciente, sudoroso, enroscado sobre sí mismo, con el cuello torcido y la cabeza caída hacía un lado.
Concluyó que el chico nuevo, con un coeficiente intelectual de 150, tendría problemas de adaptación en aquel centro. Le faltaba capacidad de reacción. Había hecho fracasar el simulacro.




     

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Entrevista a Martín Sotelo: «Hay una corrupción de pensamiento a lo largo de toda la novela». Por Ginés Vera.

Entrevista a Martín Sotelo: «Hay una corrupción de pensamiento a lo largo de toda la novela».

Por Ginés Vera

Martín Sotelo (Toledo, 1982) estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, compaginó sus estudios con múltiples trabajos de profesor, redactor, corrector, investigador y documentalista. Ha publicado, con seudónimo, diversos artículos para varias publicaciones locales. Actualmente trabaja como corrector y profesor. Tras su primera novela Bailes de medio siglo en 2012 (finalista del premio Roman de Chambéry, a la mejor primera novela escrita en castellano), acaba de publicar este año La vida muerta (Alfabia, 2014). Ha sido elegido Nuevo Talento FNAC 2014.
La vida muerta enhebra personajes con historias que convergen, que discurren como el río presente a modo de personaje silencioso. ¿Qué fue lo más complejo a la hora de buscar el enfoque: los personajes o el paisaje?

Los personajes. El paisaje, para mí, no es más que una recreación mental de los personajes. Por tanto, no me interesan los paisajes desligados del discurrir mental de los personajes. La primera imagen que se me vino a la mente es precisamente la imagen con la que comienza la novela: una extraña mujer que aparece de pronto una noche en mitad del bosque para pedirle a un barquero que la ayude a cruzar el río. El resto vino solo, tratando de imaginar lo que había al otro lado del río y entre los árboles. 



¿Podríamos hablar en estas historias cruzadas de dolorosas verdades frente a la incertidumbre de los deseos de los protagonistas?

Es que el deseo siempre es incertidumbre, y, como tal, se prolonga en una verdad incierta que duele y a la vez ilusiona por su mismo carácter enigmático. Debía mantener, por tanto, la ambigüedad durante todo el relato para crear una atmósfera digna de los tumbos que los personajes van dando.

Si en la contraportada se hace referencia al personaje del doctor Dangel como vertebrador de las historias de La vida muerta, me quedo con la caracterización de Gundi, acaso porque creo que hay muchos Gundi a nuestro alrededor, ¿está de acuerdo?

Yo mismo soy como Gundi. Es mi personaje favorito. Un hombre que vive tranquilo en su mundo, soñando, y que cuando sus sueños empiezan a cumplirse teme no estar a la altura de lo soñado.

Hay un claro guiño a la política, a la turbidez de los intereses malsanos del poder político, quizá conformando esa banda sonora de nocturnidad, de clandestinidad, de lo furtivo.

Hay una corrupción de pensamiento, incluso en los sueños, a lo largo de toda la novela. Los fines se consiguen mediante confusos rodeos, nunca directamente, como si se supiera que son fines necesarios pero malsanos y hubiera que mantenerlos en secreto. El personaje del político es uno más dentro de esa corrupción. Si hay políticos así es porque hay un tejido social que lo mantiene y lo permite. 

El hecho de que a Gundi le guste leer novelas de piratas es premeditado, ¿verdad?

Gundi se refugia en esas noveluchas para seguir recordando a Analía, ya que de pequeños jugaban a piratas. También para seguir preservando de esa forma su infancia. El que sea un personaje lector, es decir, nostálgico y fantasioso, me permitía describir sus pasajes con ese velo incierto de los sueños, en donde luces y sombras, verdad y mentira se confunden en una misma cosa. 

El doctor Dangel llega a afirmar una frase que no sé si comparte, la de que todo consiste en desviar la vista a tiempo, en distraer la realidad y pensar en otra cosa.

No la comparto, pero suele ser así. Es lo que todo el mundo hace para tratar de sobrevivir. Yo mismo desvío la vista hacia los libros y allí distraigo la realidad para hallar en las páginas otra realidad más verdadera y comprensible.

Al igual que comentaba con la presencia del río, hay otro ‘personaje’ velado en toda la novela, uno tan antiguo como inmaterial, que se asoma a menudo poético, como en la frase: ‘Septiembre se envolvía en un velo mortuorio’. O ‘Todos estamos condenados desde el nacimiento’.

Es el Tiempo. No suelo ser muy explícito con las fechas en mis novelas, ni siquiera con los meses, pero me gustaba la idea de fijar septiembre porque es un mes de nuevos planes e idénticas estrategias, como diría Nacho Vegas. Es un mes en que pretendemos cumplir y afianzar todos esos sueños y proyectos que hemos ido planeando durante el verano, y me venía bien para relanzar la novela hacia su final.

Personajes, paisajes, historias que convergen, pero también silencios, ese silencio que la Dávalos apostilla al decir ‘todo lo que te guardes para la tumba te matará en vida.’ ¿Qué silencio queda o debería quedar tras leer La vida muerta?

Un silencio fecundo, hecho de todos los silencios de los que se nutre la novela, y que el lector debe interpretar a su antojo. Todo aquello que no se cuenta en una novela siempre es más importante y poderoso que lo que se cuenta. La novela no debe crecer en el texto propiamente dicho, sino en esos pasillos vacíos, subterráneos, que las palabras abren y que el lector debe llenar con su vida y su imaginación. 
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domingo, 9 de noviembre de 2014

Entrevista a Santiago Posteguillo, por Ginés J. Vera

Entrevista a Santiago Posteguillo

 por Ginés J. Vera

«No podrán acabar con la cultura, siempre acaba encontrando resquicios por donde subsistir».
Entrevistamos a Santiago Posteguillo tras la publicación del libro ‘La sangre de los libros’. Posteguillo es filólogo, lingüista, ejerciendo en la actualidad como profesor titular en la Universitat Jaume I de Castellón (España). Siendo autor de más de setenta publicaciones académicas en 2006 publicó su primera novela, ‘Africanus, el hijo del cónsul’ como primera parte de una trilogía que continuó con ‘Las legiones malditas’ en 2008 y ‘La traición de Roma’ en 2009. En 2012 publicó “La noche en que Frankenstein leyó el Quijote” recientemente nominada para el Premio de la Crítica Literaria Valenciana en la categoría de “Ensayo y otros géneros”.
¿Es este libro, ‘La sangre de los libros’, una invitación a leer las obras referidas y a conocer las vidas literarias de sus autores?
Totalmente, ese es el gran enfoque de ‘La sangre de los libros’ y del anterior también. ‘La sangre de los libros’ intenta ser un paseo literario en el tiempo desde la época de la Roma Clásica con Cicerón hasta llegar a la época de la ciencia ficción con Isaac Asimov. Y la idea es que la gente a través de llamarles la atención con los misterios a veces sangrientos, a veces de sufrimiento de los escritores primero se interese por ellos y de ahí salte a las obras. Al final del libro hay un llamamiento a: no se detengan ahora que se han acabado las páginas, hay mucha literatura por leer.
Veo guiños a la rabiosa actualidad, a nuestros políticos, falta de financiación, lo que opinaría Ridruejo se nuestro sistema parlamentario, aunque en los relatos novelados repase obras y autores desde la Roma Clásica hasta el siglo XX.
Sí, porque aunque uno haga una literatura con las novelas históricas o bien ahora también son relatos históricos y en muchos casos me centro en autores del pasado es imposible para un escritor abstraerse de lo que te rodea y más en unos tiempos como los actuales que podemos definir cuanto menos de convulsos, y particularmente en nuestro país. No puedo evitar pensar y a veces sonreír en qué diría un Quevedo, un Ridruejo, un Cervantes o un Seneca hoy día. Séneca supongo que ya estaría en la cárcel y Quevedo estaría camino de ella.


¿Hasta qué punto se sigue usando la ignorancia desde el poder para alejarnos de la libertad? Séneca, uno de los personajes de  ‘La sangre de los libros’, afirmaba: “La sabiduría es la única libertad”
Lo que está haciendo el poder con la cultura solo tiene un nombre, que es traición al legado cultural patrio, fíjate lo que te digo, porque van muy de patriotas. El 21 % de IVA cultural es un atentado prácticamente terrorista contra la cultura, ejercido desde el poder, porque al poder siempre le ha incomodado una cultura, incomoda, inquieta, critica y simplemente utilizan una venganza. Y hacen mucho daño, y lo hacen muy bien porque son inteligentes. No podrán acabar con la cultura porque la cultura siempre acaba encontrando resquicios por donde subsistir pero sí que conseguirán retirar de la lectura a mucha gente y hacer que más gente sea menos pensante y, por consecuencia, más manipulable por tanto conseguirán sus objetivos.
 Hace tiempo que he dejado de pensar en que hay casualidades en estos asuntos, hay quien puede pensar que es una vena paranoide mía y yo creo que lo que ocurre es que hay un plan ejercido desde el poder para intentar simplificar la mente de las personas y se les entrega pan y circo en forma de entretenimientos perfectamente legítimos y muy bonitos, por ejemplo el futbol, un buen partido de futbol puede ser un buen entretenimiento. Que ahora haya futbol todos los días de la semana siempre esto no había pasado nunca. Los bous al carrer esto es más controvertido, pero mas allá de la controversia, en tiempos de crisis, hay mas bous al carrer en la Comunidad Valenciana que nunca. Hay que adormecer mucho a la gente porque claro, lo de las tarjetas opacas de Bankia, lo que han hecho los bancos, los imputados, alcaldes y  alcaldesas imputadas por todas partes, sindicatos, en fin, claro, hay que adormecer mucho a la gente, se intenta y se hace bien, y aún así le salen cosas.
¿Qué relación hay entre ‘La noche en que Frankenstein leyó el Quijote’ y ‘La sangre de los libros’? ¿Habrá un tercero?
Pues es posible que escriba un tercero. El primero gusto aunque pilló a contrapié a mucha gente, el segundo ha arrancado incluso mejor, igual porque ya la gente sabe que a veces puedo hacer otras cosas como esta;  este segundo habiendo salido el 7 de octubre ya está en una segunda edición, vamos mucho mejor. El primero funciono bien en América latina, tengo fechas para ir a Perú, a Colombia, a México y Argentina por este libro, por ‘La sangre de los libros’, aparte de que allí gustan mucho mis novelas históricas.
Tiene toda la relación del mundo, ahora son 30 relatos donde antes eran 24, en este sentido es un poco más ambicioso; el esquema es muy similar, son relatos novelados, donde me detengo en distintos momentos y distintos autores de la literatura universal que a mí me parecen mágicos, en este sentido están muy relacionados, si funciona y nos aminamos haremos un tercero.
En el relato ‘La piel de un libro’ leo: “Incluso los libros electrónicos necesitan una buena piel, que la imagen atraiga a los lectores potenciales”.

Si, a ver, en este sentido es lógico, estamos en un mundo muy audiovisual y la imagen es absolutamente necesaria incluso, comento aquí, no solo en un libro de papel, en un libro digital tiene que tener una imagen que te resulte atractiva y que te detengas cuando vas navegando por la red. Hoy en día es muy importante el hecho de las portadas, yo me preocupo mucho con ellas, suelo debatir con los equipos de diseño gráficos de mis libros qué ponemos de portada y cómo lo ponemos. Para mi evidentemente lo fundamental es el texto, pero la gente no se acerca a un libro…, si no te conoce como autor no se acerca por el nombre, se acerca por que le llame la atención la imagen, luego por el titulo y luego ya veremos. Es verdad que luego puedes tener a un grupo de gente que te siga y aun así una imagen impactante, atractiva pero que no defraude es importante, si.

lunes, 20 de octubre de 2014

El destino a veces se distrae, de Estefanía Farias Martínez


EL DESTINO A VECES SE DISTRAE
 
Cogí el autobús que me llevaría a la estación en la Avenida de la Constitución y, por suerte o por desgracia, no me tocó esperar casi nada. Iba muy lleno y parecía que todos teníamos el mismo destino. Si intentabas moverte te dabas más de un golpe en la espinilla con la maleta de alguien. En la segunda parada ya no cabía nadie más. Todos apretujados y una voz intentando llamar mi atención. Me giré como un acto reflejo y me encontré con los ojillos de un tipo clavándose en los míos, sonreía suavemente y se me acercó un poco más, aunque con cuidado para no acabar empotrándome contra la ventana. Apenas le oía pero veía que movía los labios. Casi al oído me preguntó que si le conocía de algo y no se por qué le dije que su cara me sonaba. Era verdad aunque no tuviera la menor idea de donde le había visto.
        El autobús no hizo más paradas hasta la estación y aquel tipo no dijo nada más. Se limitó a ejercer de escudo para mantenerme a salvo de empujones. Me bajé y me llamó la atención que él también lo hiciera. Ya en la acera de enfrente de la estación me abordó de verdad. Me explicó que se había fijado en mí por casualidad pero necesitaba contarme algo, llevaba dándole vueltas a la cabeza desde que me vio. Tenía una sensación muy extraña a mi lado, como si nos conociéramos desde hacía mucho tiempo. Yo le escuchaba sonriendo, con ese tipo de sonrisa de me lo quito de encima enseguida, intentando no ser una antipática porque el tipo era amable y tenía cara de inofensivo. Sin embargo, me acompañó hasta la taquilla, esperó a que consiguiera mi billete y se empeñó en invitarme a un café. Me quedaba más de una hora de plantón y le acepté la oferta por curiosidad. Debía tener unos cuarenta años, no medía más de uno setenta, tenía una cabeza redonda no muy grande pero pequeña tampoco, pintaba canas y llevaba bigote y barba corta. De aspecto bastante corriente, con algo de tripa y unas manos más o menos cuidadas. No vestía mal y olía a limpio, usaba una colonia discreta. Llevaba unas gafas redondas, metálicas.
      Nada más sentarnos en la cafetería me empezó a contar que me conocía de un sueño. Largas conversaciones entre ambos que se habían repetido noche tras noche desde hacía unos días. Estaba convencido de que encontrarme en ese autobús había sido cosa del destino. Yo le escuchaba sin terminar de creerme ni una palabra pero el tipo hablaba bien, era muy correcto. Me contó que era pintor y estaba soltero. Vivía con su madre y sólo había tenido pareja una vez. Tenía una voz pausada y bonita, una conversación interesante y me hizo amena la espera.
       Nos despedimos en la puerta del autobús y le dije que si era cosa del destino ya nos volveríamos a encontrar. Me observaba todo convencido y yo sonreía completamente segura de que hasta ahí llegaba mi aventura con el pintor.
 
         Sin embargo, una semana más tarde me lo volví a encontrar en plena calle, en Emperatriz Eugenia, a unos pasos de mi casa. No me dio tiempo a esquivarlo, venía de frente sonriendo con la boca llena de dientes y le tenía muy cerca. Aquel cuarentón con ojillos de chucho abandonado me cogió la mano y me invitó a ver su estudio. Otra vez había sido cosa del destino y no podía rechazar su invitación, decía. Vivía en la calle de al lado.
      Al principio no estaba muy segura pero tenía la intuición, casi certeza, de que quien me estaba invitando a su guarida era un lobo sin dientes y en el fondo la idea de conocer el espacio privado de un pintor me llamaba la atención. Era la primera vez que estaba frente a uno de verdad con todo el glamour que le aportaba lo de ser un fracasado ignorado por el gremio. Un artista que jamás había expuesto un cuadro. Egocéntrico no era y una fuerte personalidad no tenía pero llegué a imaginarme que a través de su pintura expresaría el supuesto mundo interior que debía tener. El que tiene todo artista.
         Una vez en el estudio aquel pintor de carne y hueso me enseñó cuadro por cuadro sonriendo y haciendo bromas, en un tímido y torpe intento de seducción. Yo le seguía el juego divertida pero manteniendo una distancia prudencial, mi curiosidad no llegaba a tanto. En su ambiente ya no era tan interesante. Resultaba monotemático. Tan empeñado en conseguir mis halagos y yo intentando encontrar algo bueno que decir de alguna de aquellas pinturas. Al final la encontré. Le alabé la originalidad de un cuadro bien grande que presidía el estudio. Una partida de póquer entre perros. Mi ignorancia me llevó a cometer semejante agravio. Yo que iba a saber que el cuadro era su versión de la imaginación y la originalidad de otro. No fue capaz de atribuirse la autoría, encima era ingenuo. El pobre lo tenía todo. Intentó mantener el tipo, pero su orgullo empezó a caer en picado. Aún así le reconocí la perseverancia. No se amilanó y se intentó recomponer.
       En ese preciso momento vino al rescate una mujer bajita, muy mayor, con una bandeja de alpaca y dos tazas de café. Entró saludando y observándome por encima de las gafas que llevaba clavadas en la nariz. Sonreía igual que el hijo pero su aparición, lejos de suponer un balón de oxígeno, fue una pedrada para aquel pobre infeliz. Otra vez intentó recuperar la compostura cuando volvimos a quedarnos solos, porque ella desapareció como llegó, aunque cerró la puerta al salir para darnos más intimidad. Entonces él decidió ser original y me dijo que tenía la sonrisa de la Gioconda. Yo, que nunca entendí qué tenía de especial aquella forma de apretar los labios y siempre me daba la sensación de que prefería estar en cualquier otra parte, no me inmuté.
        No se acercaba demasiado, ni me rozaba. Si llega a hacerlo ni el café me tomo. Permanecía allí sentada más por pena. Lo único que le faltaba era que me fuera de estampida. Como la Gioconda tampoco le funcionó empezó a contarme como pintaba aquellos cuadros de paisajes tan planos. Arbustos y más arbustos. Horas tirado en un rincón del Parque natural de la sierra de Huetor. Llegaba en autobús, el mismo que a mí me llevaba a casa, se bajaba en el Puerto de la Mora y se pasaba mañanas enteras pintando. Soportando un sol de castigo o aquel frío que te calaba los huesos. Muy lúdico todo pero el resultado no merecía tanto despliegue. Nadie le había dicho que talento, lo que se dice talento no tenía. Pero él estaba convencido de que algún día le sería reconocido y hasta entonces seguiría recluido por voluntad propia.
        La puerta se volvió a abrir y la amable señora le informó de que tenía que salir y volvió a desaparecer. Ahí si di por concluida mi visita al espacio privado del artista y yo también me disculpé. Ya nos veríamos en otra ocasión. Me acompañó a la calle y me despidió con un beso en la mejilla en la esquina.
       Yo volví a casa intentando averiguar que calles tenía que usar a partir de entonces para no volver a encontrarme con el único pintor que conocí en mi vida.      
 
 
Estefanía Farias Martínez. Nacida en 1970 en Cartagena, España. Doctora en Filología Árabe por la Universidad de Granada. Animales en las fuentes árabes y referencias en fuentes griegas. Tesis doctoral. Granada: Universidad de Granada, 2008. ISBN: 9788469143698.  Publiqué un par de artículos en revistas especializadas al terminar la tesis: - “El ‘anqa’ en el Qisas de al-Thalabi”, Oriente Moderno. Nuova serie, anno LXXXIX, 2 (2009), pp. 305-317 y -“El gallo, figura trascendental en las Qisas al-anbiya’ ”, MEAH, Sección Arabe-Islam, 58 (2009), pp.77-92.
 
Me vine a vivir a Holanda y hace un año descubrí el placer de escribir mis propios textos. Publiqué un microrelato, ¨Lo que hace un nombre¨ en el primer número de la revista digital Los omniscientes (julio 2014). Y paso día y noche enfrascada en contar mis historias en mi blog al que le puse un título acorde con los contenidos: Exorcizando la antimemoria de mis días oscuros. Por eso de que fantasía y realidad a veces son solo un juego de palabras. http://exorcizandoantimemoria.blogspot.nl/
 
                         

sábado, 11 de octubre de 2014

Fernando Morote: Cementerio Pére Lachaise, una aproximación de Lenin Solano a lo policial terrorífico

Cementerio Pére Lachaise, una aproximación de Lenin Solano a lo policial terrorífico


Por Fernando Morote 

¿Presencia sobrenatural o respuesta espiritual de artistas perturbados en su lecho eterno? Todo es posible en esta versión que Lenin Solano entrega del Pére Lachaise, un cementerio que al parecer ostenta el tétrico poder de comerse vivos a quienes osan perturbar el descanso de sus huéspedes, sin importar la procedencia, incluso legal, de los profanadores.

Desde su primera novela, “No le reces a los muertos” publicada en el 2011, Lenin Solano ha mostrado su preferencia por el género policial, enriquecido esta vez por una sustanciosa dosis de terror. “Cementerio Pére Lachaise” exhibe una combinación bien elaborada de ambos elementos.
El hábil flujo narrativo rápidamente enciende el interés de quien decide ingresar con el autor a las entrañas del emblemático camposanto parisino. La descripción física del lugar, incluyendo la vegetación y fauna circundantes, así como su ubicación dentro de la ciudad, los antecedentes de su construcción y la mención de sus residentes más célebres sirve como introducción del edificio en su calidad de personaje principal y constituye una herramienta eficaz para situar al lector en el escenario donde se desarrollan los hechos.
Inmediatamente se suceden una serie de horrendos crímenes, ejecutados con extrema crueldad: una pareja irlandesa de recién casados que cumplen una fantasía sexual sobre la tumba de Oscar Wilde, cuatro estudiantes que planean un juego de ouija ante la lápida de Moliére, dos indigentes alcohólicos que buscan refugio junto a los restos de Edith Piaf, un par de inmigrantes centroamericanos que al abrigo del sepulcro de Miguel Ángel Asturias confiesan mutuamente sus pasados de violencia y pandillas.
Los continuos giros y las inagotables contramarchas que envuelven la investigación policial a cargo de dos oficiales de origen peruano contribuyen a crear la atmósfera de misterio que rodea las terribles muertes. El examen de pistas, el seguimiento a sospechosos, la consideración de posibles teorías, el surgimiento de nuevas dudas, la aparición de serias contradicciones, la evaluación de detalles en los cuerpos torturados fungen como vehículo exitoso para lograr este propósito.



La novela está dividida en dos partes. La primera, mediante capítulos alternados, muestra a las víctimas antes de que pierdan la vida y luego la forma en que las autoridades las encuentran asesinadas. La segunda revela los pormenores de los brutales ataques y deja sin definir claramente la suerte de los agentes involucrados, lo cual contribuye a reforzar la intriga que marca el tono de la historia hasta el desenlace.
Los títulos de cada capítulo simbolizan un inteligente preludio para el segmento narrado y son complementados de manera efectiva por sendos epígrafes con citas de novelistas, poetas y filósofos,
El uso de los diálogos como recurso para proveer información y apuntalar los cuadros es notable. Aunque en el curso de la lectura queda la sensación de que algunos de ellos pudieron ser mejor logrados. En más de una ocasión se alcanza a percibir que no corresponden a la naturaleza de los personajes. Los policías exhiben un lenguaje demasiado popular, exento de jerga técnica -que debería existir aunque fuera en grado mínimo, tratándose de una novela enmarcada en el género-  salvo ciertas expresiones comunes. Los pordioseros -ladrones de joyas por añadidura- desenvuelven un vocabulario propio de personas cultas. Los pandilleros centroamericanos tampoco se expresan como tales. Los recién casados y los estudiantes suenan algo forzados, quizás excesivamente formales.

Sobresale un episodio, cuando se suscita una pelea entre los mendigos ebrios, en que no se logra distinguir a quién pertenece la voz del que habla. Es el tipo de ambigüedad deliberada que resulta un acierto antes que una falla.
La pulcra edición de Altazor, ofreciendo ciento cincuenta páginas cuidadosamente impresas con material de alta calidad, confirma el auge y la seriedad con que vienen trabajando ciertas editoriales independientes en el Perú.
Lenin Solano, además docente y promotor cultural radicado en París, se halla en viaje constante entrevistando y difundiendo la obra de otros escritores. Con “Cementerio Pére Lachaise” ha realizado una admirable y meticulosa tarea de exploración policial en la que él mismo se asume como el detective responsable.


Su principal mérito: arrojarse con audacia, apoyado en su talento, a batir el desafío.

miércoles, 1 de octubre de 2014

LA ESTRATEGIA DEL TIBURÓN, Por El doctor y witchy woman

                                              LA ESTRATEGIA DEL TIBURÓN

                                                   Por El doctor y witchy woman


      La ciudad dormía en calma. Por la cortina entreabierta penetraba la luz del alba iluminando el dormitorio. Las sábanas revueltas evidenciaban la intensidad del ajetreo. Oso sostenía su brazo derecho, Gancho de hierro el izquierdo. Ella, de rodillas sobre la cama, medio desnuda, parecía un pollo muerto con el pescuezo roto. Su larga cabellera rubia caía como un estropajo sucio cubriéndole la cara. Sus dos fornidos acompañantes buscaban la manera de ocultar su cuerpo. Escucharon voces en el pasillo y la soltaron a la vez. La chica cayó desmadejada sobre el colchón en una postura grotesca. La observaban divertidos. La muy perra se lo había buscado. Gritaba tanto. Oso intentó que se callara y se le fue la mano. Gancho de hierro convulsionaba a carcajadas viendo a su amigo apretar aquel cuello híper delgado. A la flaca se le saltaban los ojos de las órbitas y las lágrimas le corrían el rimel. Sin embargo, cuando se percató de que se ponía azul dejó de reír. El contrato no incluía violarla ni mucho menos matarla. Sólo vapulearla un poco. Pero ella se mostró tan provocativa. De cualquier modo, a un cliente de su envergadura no se le podía devolver la presa malograda. Tuvieron que quebrarle las extremidades para que cupiera dentro de un par de sacos de basura. Al carajo con los métodos. Lo principal, en esas circunstancias, era salvar el pellejo.

-Cobramos –dijo Oso-. Y que el infeliz se vuelva loco buscando a su mujer.

El proceso no resultó demasiado complicado. Oso, oscuro boxeador retirado, sabía bien cómo fracturar los huesos. Gancho de hierro, carnicero en ejercicio, dominaba la técnica de la disección.

     Maximiliano pasó en vela toda la noche esperándola, dando vueltas por aquella gigantesca casa. Subía y bajaba las escaleras ansioso y con una fuerte opresión en el pecho. Ya tenía que haber vuelto. Llorosa, aterrada. Si no hubiera sido tan curiosa. Si no se hubiera empeñado en cotejar las facturas de la empresa. Cuando responsabilizó del burdo desfalco a su asistente, un pobre tipo con alma de contable, cobarde y servil, ella se volvió obsesiva. No lo podía tolerar. Tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para conseguir convencerla de las terribles conexiones que semejante espécimen tenía con la mafia y lo peligroso que era ahondar en el tema. Pero su preciosa mujercita, la cuarta, era tan terca…Se resistía a perderlo todo por su estupidez. Contrató a aquellos tipos por consejo de su abogado, quien  le aseguró que eran unos profesionales, efectivos y cuidadosos. Todo se resolvería muy rápido. Algo debió haber salido mal. Estaba amaneciendo y ella no aparecía. Cogió el teléfono para llamarlo. 



-Parece que funcionó a la perfección.

-¿Estás seguro? Mira la hora que es. No ha llegado todavía.

-Tú sabes lo que a ella le gusta.

-No es tan idiota como para volver de día a casa.

-Muy bien. Démoslo por hecho. Dos pájaros de un tiro. Bueno, tres.

-Eres un genio, Zacarías.

El abogado colgó el auricular y sacó su libreta roja del cajón del escritorio. Anotó el nombre del cliente y sin dejar de sonreír garabateó algunas líneas indescifrables para ojos inexpertos. La chica no iba a ser un problema. Estaba seguro de que aquellos animales se habían extralimitado con el encargo. Mejor así. Ella no iba a ser capaz de tener la boca cerrada. Aquel imbécil sería una rentable fuente de ingresos durante unos meses. Después seguiría el protocolo habitual.

     Zacarías Fleytas gozaba de un prestigio ganado a base de talento y perseverancia. Sus estudios en la Universidad Complutense fueron completados luego con un postgrado en Columbia. De pronto tuvo la sensación de que podía conseguirlo. Era atrevido, encantador y paciente. Medía bien a sus adversarios. Los encandilaba. Y terminaba dominándolos, obteniendo de ellos literalmente lo que se proponía. Había urdido un plan magnífico. Aquella mañana se presentó ante su nuevo cliente –uno de los más importantes magnates en el campo de la moda, Maximiliano Trazegnies- vistiendo un impecable terno rayado de color azul, a lo Frank Nitti. Camisa celeste, corbata roja. Los lujosos zapatos negros de cuero contrastaban elegantemente con el pañuelo de seda en el bolsillo del saco. El clavel blanco en el ojal, después de todo, le pareció una exageración. Su estampa impresionante, realzada por una complexión estupenda y el fresco y varonil olor de su perfume, doblegó de entrada al millonario. En especial a su joven esposa. Cuando firmó el acuerdo para prestarles sus servicios legales, supo que estaba estrujando a una pareja de tórtolos. Aquella rubia de piernas largas, formas perfectas y monumentales debilidades, algunas conocidas por el marido y otras apenas por un restringido grupo de individuos de mala calaña, sería una cómplice ideal. Como todas las chicas de su estilo, uno de sus mayores encantos era la ingenuidad -o la estupidez, dependiendo del punto de vista-. Un par de encuentros casuales y embarazosos, de los que ella intentó zafarse con la mejor de las sonrisas, y una sarta de excusas dignas de su intelecto fueron determinantes. Luego todo fluyó de forma natural. La convenció para dejar de frecuentar aquellos lugares, se ofreció a proveerla de lo que necesitara de una manera más discreta y empezaron las citas clandestinas en moteles de carretera. Ella pensaba que se estaba comiendo al tiburón. Nunca sospechó que -para él- sería sólo su merienda. Una vez que tuvo a la chica controlada se ocupó del ego y la avaricia de aquel millonario de rancio abolengo. Las reuniones a puerta cerrada con los responsables contables le permitieron conocer a la perfección el funcionamiento de la empresa. Al descubrir el monto total de los beneficios que se repartían entre los accionistas encontró el modo de embaucar al magnate. Sólo hicieron falta veladas alusiones a su excesiva generosidad con quienes tenían una ínfima participación en la empresa. El efecto de sus comentarios fue inmediato. Sudoroso, ansioso y revolviéndose en su sofá de cuero abrió mucho los ojos buscando el asesoramiento que él estaba dispuesto a darle.   

     Eliminada la rubia, puestos a fuga los dos matones a sueldo y sometido el millonario, lo demás era cuestión de papeles. Trámite que para Zacarías, experto en el arte de la prestidigitación, no constituía embarazo alguno. Una soleada mañana de enero citó a Maximiliano  para firmar la escritura.

-¿Te apetece una copa?

-¿No es muy temprano para un trago? –dudó Maximiliano.

-Nunca es demasiado temprano para celebrar el triunfo –acotó Zacarías-. Sobre todo si sabes positivamente que lo has conseguido.

Zacarías podría haber sido un discípulo del que Houdini se hubiera sentido orgulloso. Era consciente de que su cliente ignoraba la ruta por la que lo estaba llevando. Al extender el documento ante los ojos de Maximiliano, después de que su secretaria les sirviera dos whiskies en las rocas, ésta habló por el intercomunicador.

-Dos hombres lo buscan, señor.

-¿Quiénes son?

-Dicen ser acreedores importantes, señor.

Zacarías y Maximiliano intercambiaron miradas confundidas. Tras un breve intervalo, buscando motivos para esa inopinada visita, Zacarías dijo:

-Hágalos pasar.

La puerta del despacho se abrió y dos tipos fornidos con aire marcial y gesto calmado entraron cerrándola a su paso. Uno de ellos se quedó junto a la puerta asegurándose de no ser interrumpidos. El otro avanzó con paso firme hacia el abogado que se mantenía a la expectativa detrás su imponente mesa de caoba. Maximiliano observaba a los visitantes con recelo, pero ellos ni siquiera le prestaron atención. Zacarías sintió que un calor insospechado se aferraba a su garganta. ¿Como podía haber sido tan descuidado? Oso desenfundó la navaja. El abogado intentó escabullirse saltando a la ventana para volar. Gancho de hierro corrió a detenerlo, reduciéndolo con un certero golpe en las rodillas. Zacarías cayó de bruces, como un paquete, al piso. A Oso no le tomó ni un segundo rebanarle la yugular.

    Maximiliano Trazegnies contemplaba la escena, sonriendo satisfecho mientras se llevaba el vaso de whisky a los labios. Sus muchachos habían hecho un gran trabajo.





miércoles, 24 de septiembre de 2014

Breve reseña del libro Las luces del retorno, por Steep Romaní Zamudio

Las luces del retorno nace no solo del interés de su autor por ampliar el panorama de vivencias cotidianas del migrante peruano, más aun, del migrante latinoamericano, en uno de los rincones del mundo con mayor presencia de diásporas migratorias populares: Paterson, en el estado de New Jersey, al noreste de los Estados Unidos. Es también una invitación a su trayectoria individual como emigrante, quien vive, examina y plasma las penas, luchas y logros de nuestros compatriotas en este punto del exterior. Expone con suma claridad y sencillez la línea de los factores expulsores locales (el debacle económico y político de inicio de los noventa), de las incertidumbres y penurias en un espacio geográfico que se visualiza como hostil (la irregularidad migratoria, la desintegración familiar y el tan ansiado retorno), de la reivindicación de la cultura y los valores (la fortaleza de la amistad y la relocalización de las costumbres peruanas) y de la posibilidad retorno (el rencuentro con lo local y los seres queridos, que había sido desplazado por largo tiempo). Su lectura es altamente recomendable para quienes, de algún modo, han sentido la impronta de la migración en sus vidas.

 Las luces del retorno tiene el logro de colocar a los lectores en los zapatos del narrador como testigo y actuante del nuevo espacio. También es una ventana para conocer las estructuras sociales y modos de vida en esta parte del territorio norteamericano. De esta forma, también cumple su función como testimonio para la observación y el análisis de la antropología social.

Precio del libro: S/.30.00



Juan Soto-Escudero nació en Lima. Estudió medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por la década de los 80. En enero de 1993, emigró a los Estados Unidos donde vivió todas las experiencias relatadas en esta novela. Durante los ocho años previos a su primer retorno en abril del 2001, convivió con todos los personajes, haciendo de esta narración una verdadera crónica de la vida de los inmigrantes en el extranjero. Asistió a la escuela de salud pública del Passaic County Community College y siguió cursos de Emergencias Médicas en el Chilton Memorial Hospital. Trabajó en el Pain Management Center del Saint Mary’s Hospital en Passaic. Es miembro de la Orden Rosacruz Dorada con sede en Chatham, New York, y de la Gran Logia Masónica de New Jersey. Actualmente, vive y trabaja en New Jersey, dedicado a las labores médicas en el área del alivio y manejo del dolor. Una rama híbrida de la anestesiología.



Entrevistas: 

miércoles, 30 de julio de 2014

Devenir, de Olga Dalin

Devenir

Abrígame en el bosque de tus brazos
en el verde azul de tus pupilas
abrígame y toca la pasión
más allá de un nosotros
de un pertenecerse como locos
que el para siempre no existe
aun siendo verdaderos
sólo este día es real
tiene forma
sólo hoy veo el día amanecer
huelo aromas
sólo hoy parpadean las estrellas
el mar ruge
hoy únicos gotas insondables
cayendo una a una
independientes en este universo
habitado y sufrido
no somos de nadie
no pertenecemos a nada
no buscamos el puño ni la piedra
caemos mojando lágrimas o risas
de ritmos y de notas
mañana inexorablemente otros
abrázame que otras horas vendrán,
otros diluvios, que envejece el ayer
la piel se arruga besando el tiempo
a ratos nos muerde la vida
nos devora, rompiendo
lo bueno de hoy o lo inútil de ayer
otros, mañana seremos otros,
mejores distintos peores tal vez
devenidos de ropas y de gestos
para el tiempo y su mansión cerrada
sólo microbios somos
fuera de él nada existe sólo espacio
y qué va a ser de nosotros:
dos puntos consagrados
dos corazones haciendo historia
entre sílabas y besos

(De Lluvia de los días, librsoenred, 2014)


Olga Dalin

Empecé a escribir a los 14 o 15 años, habiendo sido mis primeras inspiraciones la obra de los poetas
José María Eguren, Gustavo Adolfo Becquer, Abraham Valdelomar, y Jorge Manrique. Más
adelante en la universidad lo serían Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Juan Gonzalo Rose, Pablo
Neruda y César Vallejo. En Australia leí a Octavio Paz, Federico García Lorca, Antonio Machado,
Miguel Hernández, W.H Auden, Walt Whitman, Dorothy Porter and Dorothy Hewett.

A la edad de 17 obtuve mi primer galardón con el ensayo Desarrollo de los Pueblos de América.
En Australia he sido galardonada por la Sociedad Cultural Española en Sydney, en 1994 y 1995.
Por el Certamen Literario, Premio Rubén Darío en Melbourne en 1993 y 1995.
En el Concurso de Poesía y narrativa organizado por el Grupo latino Americano en Queensland en
1995.

Mi cuento El Confidente fue publicado en el libro Transitions bajo el auspicio del Department of
The Arts y el Fremantle Council of Arts en 1996.
Tres de mis poemas fueron seleccionados en la Antología Bilingüe de poetas hispano-americanos en
Australia, Over The Horizon, Sobre el Horizonte editado por Silvia Cuevas, bajo el auspicio del
Australia Council for The Arts, en 1998.
Recientemente he publicado dos libros de poemas: Las Hadas No Existen, Xlibris, 2014 y Lluvia de los días, LibrosEnRed, 2014. Un tercer libro inspirado en Las Salinas de Chilca, balneario donde pasé muchos veranos de mi vida está en elaboración.








domingo, 27 de julio de 2014

Nuestro escritor de la semana: Fernando Morote (Piura, 1962)


Tres poemas del poemario inéito La psicosis del símbolo,de Isaías Hurtado Santa Cruz

AVSRIZ II
 
Soy el fantasma
que escribe tu nombre
en el rumor de la noche
y se ahorca antes del amanecer.

Las dos de la tarde.
Te irás.

Esconderme en un poema miserable
únicamente para que no me encuentres entre mis patologías.

Enfermiza vida,
¿Quién ha enterrado tu nombre
sin que tengas uno?

MANUSCRITO HALLADO EN EL CUADERNO DE CATHERING

Y buscar dentro del corazón que no tienes
algunas palabras que puedan curar todas mis psicosis.

Y salir y buscar  algo que no me desespere
para no terminar llorando en tus espaldas
que son las de un santo de mármol
que no entiende las complicaciones psicológicas
de un ser tan desgraciado como yo.

Señor,
he cometido el peor pecado del mundo:
él de nacer con todos mis defectos,
y mirarme al espejo y no mirar más de lo que no soy.

Hubiera querido cambiar la poesía por una mirada que se desprenda de tus ojos,
cambiar la poesía por algo que verdaderamente sirva,
Dejar de esconderme en poesía
y dejar de ser algo que no entiendo yo mismo.

He mandado al diablo todo,
y la vida misma se fue al diablo.

Al final me he quedado en el silencio gutural de un día de soledad
que no se viste más que para comer con tenedores que ya nadie usa.



MANUSCRITO HALLADO EN UN CUADERNO DE PSICOLOGÍA

Y lo falso,
lo que me has escrito en el cuaderno
por el miedo que te dan mis neurosis.

Luchar,
a patadas,
para tratar de comprender lo que temo.

Contarte
que de vez en cuando pienso
que puedo terminar de comprenderte a ti
y a la vida
dando el paso que nos separa de lo infinito.

Y no es ciencia,
y es nada.
Y la nada viste de amor a veces
para esconderse dentro del cuerpo femenino que deseo
desde que la poesía no es más que palabras que brotan para mentirme a mí mismo.





 ISAÍAS HURTADO SANTA CRUZ


Nació en Cerro de Pasco en 1987. Es poeta, ensayista y promotor cultural. Colabora con  el Diario El Minero en la sección cultural.

sábado, 26 de julio de 2014



Ginés J. Vera. Nacido en Valencia, España. Licenciado por la Universidad de Valencia (España). MBA en Dirección Empresarial y Marketing. ESIC Business & Marketing School.Valencia. Formador Diplomado por la Universidad Internacional Valenciana.
Ha publicado artículos de divulgación en las revistas RÀPITA (San Carles, Tarragona) y URBIS NOTICIAS (Valencia), colaborando como redactor de la revista universitaria PHTHYRIUS y en el diario TRIBUNA VALENCIANA.
Sus relatos y microrrelatos han sido incluidos en diversos medios y antologías. Finalista en certámenes literarios, ha publicado los libros de relatos y microrrelatos CUENTAGOTAS Relatos Express (Editorial Chirre, 2009). EL HECHIZO DE LA MUJER DRAGÓN. (La Plaça. 2010). EXQUISITA TORTURA. (Amazon-KDP, 2012),  CALEIDOSCOPIO. (Amazon-KDP, 2013).
Colaborador en las revistas: Clickentrada, La Gonzo Magazine, AU Agenda Urbana y Los ojos de Hipatia y en el diario Nou Torrentí.